¿BUSCANDO CULPABLES?

Hoy vuelvo para seguir hablando de los temas que me parecen más interesantes. Siento que tengo mucho por contaros y, al mismo tiempo, a medida que voy teniendo nueva información y ampliando mis conocimientos, voy tomando conciencia de lo poco que sé, pero bueno, para eso estamos, para compartir.

La culpa y el perdón, dos palabras; ni más ni menos que dos palabras a las que creo que cada uno tiene que saber darle su verdadero significado. Y esto ¿por qué? Últimamente escucho, en la terapia, que la gente está siempre en conflicto y se siente condicionada en su día a día por determinadas personas y por el qué dirán. Esta situación provoca, en quien la vive, malestar, angustia y depresión. Nos sentimos manipulados porque otros consiguen hacernos sentir culpables por cosas que ni siquiera hemos hecho o, simplemente, porque no pensamos como ellos. Me pregunto cuál es la herramienta de los manipuladores. Pues no es ni más ni menos que la culpa. Sí, utilizan nuestro sentimiento de culpabilidad para condicionarnos, para manipularnos.

Sobre este tema me gustaría hacer dos reflexiones:

  1. ¿Tú sabes quién eres? Esto implica tus principios y creencias. Si tú estás convencido de que en tu vida no haces nada malo, no haces daño a otros ni a ti y vives según tus márgenes, por qué tienes miedo de que a los demás les parezca mal lo que tú haces; ¿por qué te importa tanto lo que digan o piensen los demás, hasta el punto de dejarte manipular y condicionar y de dejar de hacer lo que a ti te apetece o lo que necesitas o lo que te gusta?
  2. ¿Quién te «manipula»? ¿Se trata de personas realmente importantes para ti? ¿Te importan tanto, tienen tanta credibilidad para ti, que tienen la capacidad y el poder de decidir por ti, de enfadarte, de enfermarte?

Creo que estas dos visiones, primero la tuya, es decir lo que tú crees de ti, cuánto te valoras y la confianza que tienes en ti misma, es vital, sobre la que tienes de los demás, y lo importantes que crees que son para ti. Si no tienes claro esto, entras en un ciclo de desvalorización propia y victimismo, que no sirve para nada más que para seguir buscando la aprobación de los demás y, lamento decirlo, que es el camino equivocado. La solución a la culpabilidad no pasa por los demás, sino por ti misma. Quien se culpa eres tú dando crédito a los demás, dando más valor a un comentario que es la verdad del otro, no la tuya.

Hablemos ahora del perdón. Para perdonar tiene que haber culpa, tiene que haber un culpable y un ofendido que perdone al culpable.

Es importante reflexionar y hacerse algunas preguntas sobre este tema:

  1. ¿Quién es el culpable? El otro, claro, que es quien te ofende o molesta.
  2. ¿Quién es la víctima? Tú, claro, que te sientes mal, que no saliste porque se enfadaría o por el que dirán, etc.
  3. Entonces ¿quién tiene que pedir perdón y quién tiene que perdonar?
  4. Siento decirte que esto solo son explicaciones para nuestro ego que siempre busca la respuesta fuera.

Pero miremos la situación desde dentro. ¿Por qué permites que un comentario te limite? Si tú no eres culpable por aceptar y por darle un valor que no se merece ese comentario, esa crítica, esa persona… entonces ¿quién es el culpable? Que venga alguien y me lo explique.

Si tú decides no salir, si decides dejar de hacer algo por otra persona, ¿de quién es la culpa? Nos hacemos víctimas de nosotros mismos, por lo tanto, el perdón tiene que pasar por nosotros mismos también. Me tengo que perdonar a mí mismo por no darme el valor que tengo, por darle más importancia a cualquier situación o persona ajena antes que a mí mismo, por tomar decisiones que no se corresponden con mis deseos y necesidades.

Y para terminar os dejo una pequeña reflexión.

Tú eres el único responsable de cada paso que das en tu vida y del resultado de tus acciones. Tu entorno te acompaña pero tú decides hacia dónde das el paso. Cuando miras, juzgas y eres víctima de tu entorno, lo único que haces en realidad, es ser víctima de ti mismo.

Recomiendo el libro de Miguel Ruiz, Los cuatro acuerdos que es genial en este aspecto.

Gracias por estar aquí y ahora.